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Los contrastes entre cada uno de estos núcleos son más que evidentes. Si Platja d'Aro se ha convertido en un símbolo del turismo de sol y playa más tradicional, con una amplia oferta lúdica pensada para atraer a los visitantes extranjeros, Castell d'Aro parece ser su contrapunto de tranquilidad y reposo.
El pueblo mantiene intacto su espíritu tradicional, en el que todo el mundo se conoce y donde la palabra ?turismo? parece no existir. Castell d'Aro cuenta con un patrimonio histórico-artístico de gran relevancia, que en 1996 le valió la declaración de Bien Cultural de Interés Nacional, empezando por el castillo medieval de Benedormiens. De este alcázar ya se tienen referencias en el siglo XI, en documentos que explican que sus propietarios convinieron en entregarlo al monasterio de Sant Feliu de Guíxols con el compromiso, por parte de aquél, de proteger a todo el valle de Aro de un posible ataque musulmán. Poco después el castillo pasó a llamarse castri de Aredo, tomando el nombre de la población de Vall d'Aro, y de ahí la evolución lingüística nos ha llevado hasta la denominación actual Castell d'Aro. La importancia de esta obra se demuestra en que todo el pueblo se estructura a su alrededor.
Durante el mes de agosto se celebra una feria medieval en la que las calles y los comerciantes se engalanan como lo hacían a diario durante la Edad Media, se llevan a cabo demostraciones de trabajos artesanales y degustaciones de todo tipo de alimentos naturales (que también pueden adquirirse en los diversos puestos) animadas por diversas atracciones de músicos y malabaristas. Para visitar tranquilamente la localidad de Platja d'Aro recomendamos escoger un fin de semana fuera de la temporada estival (otoño es una buena época). Así, con tranquilidad se puede disfrutar de todos sus atractivos; entre ellos destaca el Cavall Bernat, un monolito de roca granítica que preside la playa principal del pueblo y que evidencia signos de deterioro evidentes, provocados por el desgaste del agua y el viento. El Cavall Bernat es todo un símbolo de la villa, aunque muchos se preguntan qué tiene que ver esa figura con un caballo... Y la realidad es que bien poco porque, en el pasado, su nombre original no era cavall ?caballo? sino carall ?falo?.
Desde este punto podemos tomar el camino de Ronda y visitar las bonitas playas de esta zona: cala Artigues y otras más pequeñas como Sa Cova, Carvasses, del Pi o platja d'en Ros. Para conocer de primera mano los orígenes de este municipio, podemos desplazarnos hasta Fanals i Muntanya, una concentración de masías situadas en torno a la iglesia de Santa Maria de Fanals, del siglo XVIII, que cuenta con un campanario inacabado.
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