
Almagro
Indudablemente, el punto de partida de la visita a Almagro ha de ser la plaza Mayor, su corazón, la zona de encuentro de autóctonos y foráneos y, en definitiva, la referencia histórica e imagen más conocida de esta coqueta localidad. Se trata de una plaza particular, dotada de cierto aire atlántico (plaza porticada colmada de ventanales) y caracterizada por su planta rectangular irregular. En ella se ubica el Ayuntamiento y las casas particulares de los Rosales y palacio de los Molina, que confieren un elegante aspecto a la misma. Pero es sin duda el Corral de Comedias, Monumento Nacional y único corral de comedias que perdura en Europa, el elemento más importante y representativo de Almagro. Conserva la estructura original de los teatros de los siglos XVI y XVII, articulado sobre un amplio patio rodeado de pies rectos de madera y actualmente constituye el escenario del Festival Internacional de Teatro Clásico. Enfrente del Corral se ubica el museo Nacional del Teatro, que alberga entre sus muros los más variados objetos y documentos teatrales, testimonio del desarrollo de esta actividad desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Asimismo, la plaza posee jardines, tiendas de artesanía local, cafés y bares de tapas que permiten pasar un rato distendido y relajado degustando el alimento estrella de la localidad, comercializado con denominación de origen: la berenjena, que se combina con los diversos platos y vinos de la gastronomía manchega.
Perpendiculares a la plaza Mayor, dos típicas calles se suceden, una detrás de la otra: la de San Agustín y la de Carnicerías, plagadas de emblemáticos edificios que dan fe de la rica historia almagreña. Así, nos topamos con el palacio de los Medrano o con la bien conservada Cárcel. De igual modo encontramos la iglesia de San Bartolomé y de San Agustín; y un poco más adelante el teatro Municipal, del siglo XIX, que, fiel a la trayectoria de influencias señoriales que acompañó a la ciudad a lo largo de toda su historia, denota los gustos de la burguesía de la época, tanto en su estructura como en su ornamentación. Muestra de la importante tradición teatral de la ciudad es que aún podemos visitar un teatro más, el teatro Hospital de San Juan de Dios.
Por último, ese hidalgo carácter ya citado que nobleza y altos cleros se encargaron de introducir, queda definitivamente reflejado en el barrio Noble, donde encontraremos fastuosas edificaciones como la casa de los Oviedo, el palacio de los marqueses de Torremejía, el palacio de los condes de Valparaíso o la casa de los banqueros Xedler y Weser.
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