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La magia de descubrir esta población reside en caminar sin una ruta previamente establecida. El mero hecho de observar las pintorescas construcciones marineras y detener la vista en miradores como el de La Garita, La Atalaya, El Canto o El Pico ya vale la pena.
Merecen una visita especial la Cofradía de pescadores y la capilla del Humilladero, uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Otra parada obligada es la plaza de la Marina, frente al puerto, en la que se puede degustar alguno de los productos del mar acompañado de una sidra, mientras se contemplan los barcos que regresan de faenar.
Resulta gratificante también dar un paseo por la playa de La Concha de Artedo, con un paisaje que deleita la vista o enriquece el baño. Saliendo de la población por la calle principal hacia la carretera nacional se llega a El Pito, donde se encuentra el Conjunto Palaciego de los Selgas conocido como el Versalles asturiano, perteneciente al siglo XIX.
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