Subiendo desde la confluencia con la Gran Vía y una vez superada la calle Consell de Cent, encontraremos a nuestra izquierda la llamada manzana de la discordia, en referencia al contraste visual que producen las fachadas de tres de los edificios más distinguidos que la componen. La casa Lleó Morera, realizada por Domènech i Montaner en 1903, es la menos popular de las tres y, de hecho, es la única que no puede visitarse, pero merece la pena colarse en su vestíbulo para contemplar algunas claves modernistas. La casa Amatller (1911), de Puig i Cadafalch, destaca por su fachada, compuesta de elementos neogóticos y flamencos. En su interior se encuentra la Oficina del Centro del Modernismo visita obligada para todo aficionado al modernismo y al arte en general en la que se venden entradas combinadas y se organizan visitas guiadas a los edificios. El vestíbulo que enmarca la oficina es por sí mismo todo un monumento, con sus inacabables columnas, sus lámparas de bronce y la escalera cubierta por una espectacular vidriera.
Al lado de ésta nos topamos con la casa Batlló, que Gaudí proyectó entre 1904 y 1906, cuando era ya un arquitecto consagrado. El resultado es una de sus más valoradas creaciones, no sólo por la fachada de mosaico azulado o el ondulado tejado de cerámica, sino por todo el conjunto interior: desde las cocheras a las zonas nobles pasando por las ornamentadas puertas de madera, las escaleras o el patio y la fachada interior. Desde hace muy poco se han recuperado la azotea y las chimeneas como lugar de celebración de eventos. Desde el mismo Passeig de Gràcia podremos contemplar, a escasos metros y en plena calle Aragón, la antigua editorial Montaner i Simón, que en 1880 se convirtió en la primera gran obra de Domènech i Montaner y una de las obras pioneras del movimiento modernista. Actualmente acoge la Fundación Tapiès.
Cruzaremos el Passeig de Gràcia para subir por la acera este y así disfrutar primero de la casa Viuda Marfà, obra de Manuel Comas de 1905, y después de la casa Milà o, como es más conocida por todos, La Pedrera. Realizada por Gaudí entre 1905 y 1911 como un original edificio de viviendas por encargo de una rica familia barcelonesa. La Pedrera hipnotiza tanto por fuera con su ondulante fachada de piedra salpicada de balcones de hierro forjado como por dentro, pues nos transporta a un mundo de fantasía. No hay que perderse la terraza, con sus sinuosas chimeneas enmascaradas inspiradas en los paisajes de la Capadocia.
Llegados a la avenida Diagonal podemos optar por ir en dirección al mar y descubrir el Palau Baró de Quadras y la casa Terrades (o, como la conoce todo el mundo, la casa de les Punxes), o bien encaminarnos hacia la Rambla de Catalunya y recrearnos con la casa Serra, una centenaria construcción de piedra que contrasta con el moderno edificio acristalado anexo con el que comparte la sede de la Diputación de Barcelona. Cualquiera de las tres opciones lleva la misma firma: Puig i Cadafalch.
Pero la mejor culminación de esta ruta es rebasar la Diagonal y los jardinets de Gràcia para poder disfrutar de la casa Fuster, un edificio de 1911 construido por Domènech i Montaner que, tras varios años en desuso, ha sido recuperado para la ciudad como hotel Gran Lujo-Monumento.
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