
Reus. Plaza del general Prim
Quizás en la actualidad la ciudad ha perdido importancia en la Vieja Europa, pero Reus sigue manteniendo el encanto de un centro histórico plagado de comercios en los que se puede encontrar prácticamente todo lo que se busque. Han cambiado muchas cosas desde que en 1304 el rey Jaume II autorizara la celebración de un mercado los lunes, pero la tradición se mantiene semana tras semana reuniendo tanto a reusenses como a visitantes de todo el mundo.
La ciudad acumula además otros méritos, como su excelente gastronomía y una profusa obra patrimonial en la que destacan los edificios modernistas, frutos heredados de la pujanza industrial de finales del siglo XIX. Reus es la segunda capital del modernismo en Cataluña, algo que no es de extrañar si se tiene en cuenta que es la ciudad natal del arquitecto Antoni Gaudí. Sin embargo, las construcciones modernistas no están firmadas por el autor de la Sagrada Familia sino, curiosamente, por un barcelonés y otra eminencia del modernismo, Lluís Domènech i Montaner, sus discípulos, Pere Caselles, Joan Rubió, y su propio hijo, Pere Domènech i Montaner. Entre algunas de estas piezas de la arquitectura modernista destacan las casas Rull, Gasull, Tomás Jordi (1909), Querol, Bartoni, Grau-Pla, Segarra, Tarrats, Punyed, Homdedeu y Quadrada, así como el edificio que albergaba la sede del Banco de España. Las dos obras más afamadas son la casa Navàs (1907) y el Instituto Pere Mata.
Modernismo al margen, también merecen una visita otros edificios como el Teatre Fortuny y el Gran Teatro Bartrina. La iglesia prioral de Sant Pere se construyó en 1512 sobre la iglesia románica de Santa Maria. Este templo, diseñado por Benet Otger, es una esbelta nave gótica con una espectacular portada renacentista y un bello rosetón. La mayoría de los retablos fueron destruidos durante la guerra civil, salvo el retablo Mayor, cuyas telas y tallas se distribuyen entre el museo Municipal y diferentes lugares de este templo. Otra joya del templo es su campanario, también gótico.
La leyenda cuenta que en 1592 la Virgen se apareció a una pastorcilla y libró a Reus de la epidemia de peste que la amenazaba. En el lugar de la aparición se construyó durante el siglo XVII el santuario de Misericordia, a las afueras del casco urbano. Otras citas ineludibles son las visitas al Palau de Bofarull, del siglo XVIII y estilo barroco que incluye una sala neoclásica con frescos; la casa Espuny, de estilo renacentista; y l'Abadia y la casa Marc, ambas del siglo XVIII.
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